"En los próximos días, la Corte Constitucional tomará una decisión sobre el delicado tema de la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo. La cuestión es muy seria y exige responsabilidad para tratarla. No parece bien que nueve magistrados, que en el fondo representan sus propias convicciones, modifiquen el concepto de familia y la misión que le corresponde.
La Iglesia quiere que se reconozcan y sean eficazmente defendidos los legítimos derechos de todos los colombianos, sin ninguna discriminación. Más aún, condena todo eventual acto de maltrato social o de violencia contra personas homosexuales. Sin embargo, no acepta que se considere que una pareja homosexual tenga la relación jurídica y social semejante a la que existe entre un varón y una mujer.
Por tanto, la adopción por parte de homosexuales no responde a los valores fundamentales de la sociedad, ni cumple en sentido natural las tareas por las cuales el matrimonio y la familia merecen un reconocimiento específico y cualificado. La ausencia de la bipolaridad sexual crea obstáculos al desarrollo normal de los niños al carecer de una presencia paterna y materna.
Así como naturalmente resulta imposible la generación de hijos sin padre o sin madre, también la configuración de muchos aspectos, de la personalidad y de la conducta del niño, piden la compañía y ayuda de uno y otro sexo. Privar de ese punto de referencia supone discriminar a unos niños con relación a otros. En definitiva, no es el Estado, ni la Iglesia, ni la Sociedad quienes niegan a los homosexuales la posibilidad de adoptar, sino la naturaleza misma de las cosas.
De otra parte, negar la adopción de menores a parejas homosexuales no es un acto discriminatorio que prive de un derecho. La adopción es una institución para el beneficio de los menores que deben ser protegidos y no para satisfacer los deseos de los adoptantes. Por eso, tampoco para las personas heterosexuales la adopción es un derecho; siempre será una responsabilidad social. El derecho lo tienen los niños huérfanos a recibir protección de la sociedad y a ser criados y educados en una familia.
No es, pues, oportuno ni conveniente que la Corte Constitucional acepte el llamado matrimonio homosexual y la adopción de niños por parte de parejas homosexuales. Debemos estar atentos a éstas y a otras posibles iniciativas que afecten el orden natural de la vida, el matrimonio y la familia. No es admisible que el concepto de familia, como lo presenta la visión cristiana, sea considerado retardatario, insuficiente y caduco.
Para nosotros la familia, a partir de la unión matrimonial del varón y la mujer, es y será la célula primordial de la sociedad, la Iglesia doméstica en la que se transmite la fe, y un verdadero patrimonio de la humanidad. Pensando en el bien común y procurando evitar consecuencias irreversibles que se puedan producir en la comunidad humana, es necesario exigir la defensa de las instituciones y valores que constituyen el fundamento de una sociedad justa, estable y pacífica."
+ Ricardo Tobón Restrepo
Arzobispo de Medellín