INSTITUTO PLINIO CORREA DE OLIVEIRA / Luis Dufaur / 12.10.2010
NOTA DE LA REDACCIÓN
La pasada reforma de la Constitución de China, 16/03/2007, consagró tres formas de propiedad subyugadas al omnipotente espíritu colectivistas del parlamento comunista: la estatal, la colectiva y la privada. Esta última no pasa de un usufructo de las tierras rurales y urbanas concedidas por el estado a un plazo máximo de 70 y 30 años respectivamente. Como acertadamente señala Patrick A. Randolph, asesor del gobierno chino, estamos ante una ley que permite “jugar con los juguetes hasta que el Estado decida llevárselos”.
Huang Guangyu (foto), el mayor empresario privado de China, fue acusado y condenado por la nomenklatura socialista de Pekin. Su crimen? Haberse convertido en un "rico capitalista", informó el diário “Le Figaro” de Paris.
Se le suma otro “crimen” no mencionado por la dictadura marxista: Huang era católico y ayudaba a las obras de la Iglesia. Huang fue castigado a 14 años de prisión, multa de 70 millones de euros y confiscación de bienes avaluados en mas de 24 millones de euros.
Huang Guangyu es de origen campesino y fue educado en el catolicismo por sus padres. El conquistó su fortuna a partir del comércio.
El caso recuerda el de Mikhaïl Khodorkovski, el joven empresario ruso enterrado en una prisión de Siberia acusado y “purgado” por supuestos crimes capitalistas.
El caso de Huang no es aislado, informó el periódico econômico francés “Les Échos”. Esto ya sucedió con muchos otros chinos que osaron enriquecerse contrariando el antinatural concepto socialista de la igualdad absoluta.